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Pilar, 10 de Noviembre 2007
Conferencia Episcopal Argentina.
La Conferencia Episcopal Argentina advirtió hoy
el dolor de muchas familias cuyos hijos
“quedaron atrapados por los efectos de la droga
y sus secuelas de muerte y destrucción”, y
consideró que “su comercio de muerte se instó
entre nosotros” para quedarse en la escuela, en
el club, en la esquina, en los boliches y
recitales, en la cancha, en las cárceles y hasta
en los lugares de trabajo”.
La carta pastoral lleva por título “La droga,
sinónimo de muerte” y fue aprobada en el marco
de la 94ª Asamblea Plenaria del Episcopado que
se reunió del 5 al 9 de noviembre en la casa de
ejercicios El Cenáculo – La Montonera, de Pilar.
Los obispos dicen sentirse interpelados “de modo
particular por los rostros sufrientes de quienes
están atrapados y condenados por una de las
calamidades más grandes de estos últimos
tiempos, como es el consumo y las adicciones a
la droga”.
También aseguran que “el narco-negocio se
instaló en nuestro país, prospera exitosamente,
destruye familias y mata”.
Tras señalar que “nuestro territorio ha dejado
de ser sólo un país de paso” y afirmar que
“observaciones confiables y de diversas fuentes
nos advierten que el consumo arraiga en los
jóvenes, y avanza sobre la inocencia y
fragilidad de los niños”, sostienen que cuando
se asocian a las malas compañías del alcohol,
los inhalantes, la violencia y el desamparo, el
resultado es un complot para el exterminio”.
Texto completo de la carta pastoral
Los
obispos argentinos, reunidos en nuestra Asamblea
Plenaria hemos recogido el eco doloroso de
muchas familias de todo el país, cuyos hijos
quedaron atrapados por los efectos de la droga y
sus secuelas de muerte y destrucción.
En la Argentina que anhelamos no sobra nadie.
Sin embargo, la droga y su comercio de muerte se
han instalado entre nosotros; entró para
quedarse en la escuela, en el club, en la
esquina, en los boliches y recitales, en la
cancha, en las cárceles y hasta en los lugares
de trabajo. Tan flagrante marginación de
nuestros niños y jóvenes nos produce mucho dolor
y “la Iglesia no puede permanecer indiferente
ante este flagelo que está destruyendo a la
humanidad, especialmente a las nuevas
generaciones” (Doc. Aparecida, 422).
Toda la vida de Jesús es manifestación del
infinito amor de Dios por nosotros, significado
en sus gestos de compasión y misericordia. Muere
en la Cruz por todos, y resucita para darnos
vida en abundancia. Sus palabras reflejan
siempre lo que llevaba en el corazón. Así lo
vemos, por ejemplo, en la parábola del buen
samaritano. Aquel hombre caído a la vera del
camino, herido y golpeado por ladrones, es signo
de los que están abatidos y agobiados por toda
clase de males. Hoy nos interpelan de modo
particular los rostros sufrientes de quienes
están atrapados y condenados por una de las
calamidades más grandes de estos últimos
tiempos, como es el consumo y las adicciones a
la droga.
1. Indignos escenarios de muerte
El
narco-negocio se instaló en nuestro país,
prospera exitosamente, destruye familias y mata.
Nuestro territorio ha dejado de ser sólo un país
de paso. Observaciones confiables y de diversas
fuentes nos advierten que el consumo arraiga en
los jóvenes, y avanza sobre la inocencia y
fragilidad de los niños. Cuando se asocian a las
malas compañías del alcohol, los inhalantes, la
violencia y el desamparo, el resultado es un
complot para el exterminio.
Desde los más altos niveles su tráfico genera
corrupción y muerte: asesinatos por encargo,
extorsiones, dependencias esclavizantes,
prostitución. “El uso abusivo de drogas es una
grave falta moral porque afecta a la salud e
incita a actividades clandestinas igualmente
dañinas” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº
2291).
En todos los ambientes, los que prueban la droga
por curiosidad y se convierten en adictos, si no
llegan a una muerte prematura, frenan su
crecimiento y desarrollo personal. Todo lo que
esté relacionado con la droga es deshumanizante,
anula el don de la libertad, sumerge en el
fracaso los proyectos de vida y somete a las
familias a duras pruebas.
Los familiares y amigos de los adictos se
enfrentan día a día, con impotencia, a un
enemigo de enorme capacidad de mal. No está
demás decir, que una persona drogada resigna su
espacio en la sociedad: todos pierden sus
vínculos afectivos, el obrero su trabajo, el
joven y el niño la escolaridad.
En este angustioso marco, la Iglesia proclama la
Buena Noticia de Dios que nos conduce a la Vida:
Jesucristo, que ha vencido a la muerte y nos ha
señalado el camino de salvación. Con los obispos
de América Latina anunciamos que “la alegría que
hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, a
quien reconocemos como el Hijo de Dios encarnado
y redentor, deseamos que llegue a todos los
hombres y mujeres heridos por las adversidades;
deseamos que la alegría de la Buena Noticia del
Reino de Dios, de Jesucristo vencedor del pecado
y de la muerte, llegue a todos cuantos yacen al
borde del camino, pidiendo limosna y compasión
(cf. Lc 10, 29-37; 18, 25-43). Conocer a Jesús
es el mejor regalo que puede recibir cualquier
persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor
que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a
conocer con nuestra palabra y obras es nuestro
gozo” (Doc. Aparecida, 29).
2. Las causas
¿Por
qué la droga encuentra un campo tan propicio
para su expansión?. Juan Pablo II dice que “la
droga no es como un rayo que cae en una noche
luminosa y estrellada. Más bien es como un rayo
que cae en una noche tormentosa...”. Esa noche
tormentosa describe el vacío existencial que
produce el contexto consumista y hedonista en el
que vivimos. Nuestra sociedad ha distorsionado
el sentido de la vida y los valores. El “ser
más” ha dado paso al “tener más”.
Los jóvenes se sienten sin raíces, obligados a
afrontar un presente fugaz y un futuro incierto.
Se suma a esto que muchas veces no encuentran
adultos disponibles para la escucha y la
comprensión. De tal forma, que la drogadicción
no es sólo un problema de “sustancias”, sino más
bien de cultura, valores, conductas y opciones.
Es expresión de un malestar profundo que algunos
llaman “vacío existencial”. Así pues, para una
cantidad creciente de jóvenes, se afianza la
convicción que vivir no tiene sentido, no vale
la pena. Más de una vez, hemos escuchado decir a
jóvenes en situación de riesgo: “yo ya estoy
jugado”; para ellos, felicidad, libertad, amor,
son sólo palabras huecas, tan vacías como sus
bolsillos o estómagos. Padecen la “vida
deshonrada”, en una sociedad inhóspita e
indiferente, y muchas veces sin una contención
de sus hogares y familias.
El demonio,“padre de la mentira” odia la salud y
la vida, busca aliados para expandir como peste
este veneno. Genera verdaderas estructuras de
pecado que desprecian el amor y la dignidad
humana.
3. Caminos a recorrer
Todos sabemos algo acerca de la droga, es un
tema de la vida cotidiana en nuestras casas. Al
mismo tiempo, advertimos que es una realidad muy
compleja: por un lado, su organización con
métodos mafiosos y vínculos insospechables en
todos los niveles parece no tener límites; por
otro, la ausencia de valores en todos los
estratos sociales, el escándalo de la pobreza y
la exclusión social, achican los horizontes y
esperanzas de nuestros jóvenes. Al no reconocer
la profundidad y gravedad de esta deuda para con
las generaciones del presente, estamos
favoreciendo su negocio letal. Nos falta la
valentía y el coraje necesarios para encarar
seriamente este problema. La indiferencia, el
consumismo, la desunión de la familia, sumados
al poderoso tráfico y comercio de drogas, abre
el camino para destruir a los más vulnerables:
nuestros chicos y chicas. Porque confiamos en la
prevención educativa, nos parece insuficiente la
atención que presta a este tema la Ley de
Educación Nacional, recientemente aprobada.
La lucha contra la droga-dependencia no es un
interrogante sin respuesta, aunque ésta nunca
será sencilla. La situación es grave y requiere
una acción mancomunada de toda la sociedad, que
a corto plazo pueda transformarse en política de
estado.
La experiencia nos enseña que los caminos para
enfrentarla van en tres direcciones:
Promover
una cultura de la vida, fundada en la
dignidad trascendente de toda persona
humana, llamada a ser feliz y a vivir libre
de toda esclavitud; cuánto más de estos
falsos paraísos de la droga.
Despejar
la falsa ilusión de que de la adicción se
entra y se sale fácilmente. Por supuesto que
muchos, con gran esfuerzo y apelando a
diversas ayudas y tratamientos, podrán
recuperarse. Recordemos que siempre el amor
de Dios se acerca a quienes se disponen a
crecer en dignidad: “En el mundo tendrán
tribulaciones, pero no teman, Yo he vencido
al mundo” (Jn. 16,33)
Denunciar
y perseguir a los mercaderes de la muerte
que con el escandaloso comercio de la droga
están destruyendo a la humanidad,
especialmente a las nuevas generaciones,
para lo cual deben concurrir todos los
recursos que cuenta nuestro Estado de
derecho, en una lucha frontal contra el
tráfico y el consumo.
4. El Evangelio anuncia la cultura de la vida
Jesús nos da fuerzas cuando nos dice:“Yo he
venido para que tengan vida, y la tengan en
abundancia” (Jn 10,10). A todos los que fueron
tocados por esta miseria y sufren esta penosa
esclavitud, especialmente a los niños y jóvenes,
queremos abrazarlos y llevarlos al Corazón de
Cristo para decirles que “Dios nos ama, que su
existencia no es una amenaza para el hombre, que
está cerca con el poder salvador y liberador de
su Reino, que nos acompaña en la tribulación,
que alienta incesantemente nuestra esperanza en
medio de todas las pruebas” (Doc. Aparecida,
30).
El desafío es grande. Entre todos debemos
generar una red social que propicie la cultura
de la vida. En este esfuerzo es fundamental el
concurso de toda la sociedad, para gestar un
compromiso solidario que comprenda a madres y
padres, docentes, funcionarios, medios de
comunicación, instituciones religiosas; en fin,
para que en todos los ámbitos sociales haya una
contundente opción por la vida fundada en la
dignidad de la persona. Debemos recrear caminos
de esperanza, fortaleciendo metas e ideales, que
den sentido a la existencia, reconstruyendo una
cultura, en la que el esfuerzo, el sacrificio y
aún el dolor, hagan prever una cosecha de frutos
abundantes para el bien común.
Esta red social deberá propiciar:
la
denuncia de hechos delictivos o políticas
que por acción u omisión favorezcan las
adicciones.
una
estrategia de prevención basada en tareas
educativas en todos los niveles,
fundamentalmente en el seno de la familia,
las iglesias, la escuela, las fuentes de
trabajo, las comunidades barriales y en
todos los ambientes donde se dignifique y se
celebre la vida.
la
multiplicación de espacios sanantes donde se
facilite la recuperación de los adictos y su
reinserción a la sociedad.
El
Señor Jesús proclamó “bienaventurados a los que
son misericordiosos porque obtendrán
misericordia” (Mt 5,7). A la escucha de esta
Palabra, queremos animar y caminar junto a todas
las personas que han acercado su corazón a la
causa que nos ocupa: en primer lugar a las
madres que ven sufrir a sus hijos y se organizan
para protegerlos. A los hombres y mujeres, que
con responsabilidad y amor al prójimo, no pasan
de largo ante la tragedia que nos embarga y
entristece a todos. Alentamos especialmente a
los profesionales del Derecho y la Justicia a
obrar con celeridad ante este flagelo, pues
están en juego miles de vidas que necesitan la
protección de la Ley para seguir creciendo como
ciudadanos.
Agradecemos a Dios que muchas instituciones
religiosas y organizaciones de la sociedad civil
ya trabajan en variadas iniciativas terapéuticas
de prevención y contención. Invitamos a todos a
obrar como el buen samaritano. Como Iglesia, con
la fuerza que nos viene del Evangelio de la Vida
y con los humildes medios que contamos,
renovamos nuestro deseo de estar al servicio de
la sociedad para comprometernos solidariamente a
enfrentar este mal. Para ello, estamos
elaborando un programa de acción pastoral que
sea signo del amor de Dios por los que sufren.
Confiamos que nuestro Padre habrá de inspirarnos
a todos para que logremos dar la respuesta
oportuna y eficaz a este drama.
La Virgen Santísima, como buena Madre nos
acompañará en esta misión. Los heridos por las
adicciones la buscan y Ella les pertenece y la
sienten como madre y hermana.+
Pilar 10 de noviembre de 2007
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